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jueves, 14 de mayo de 2009

Necesidad colectiva de desahogo

El grito de angustia de Federico, ese desahogo, esas lágrimas que derramó en el vestuario, son distintas manifestaciones de un mismo síntoma: Todos menos Mauro. Federico absorbe ese dolor y se descarga con los rivales, criticando, pegando, y termina expulsado. Es difícil pedirle tranquilidad a los jugadores en los momentos dificiles, mas a un jugador que viene soportando fracasos y frustraciones. Pero la expulsion es una falta de profesionalidad enorme, fue un acto egoista e irresponsable. La gente también necesita descargar su angustia, cuando ve una y otra vez a su equipo haciendo papelones, no sólo por resultados sino porque no derrama en la cancha ese sudor que derrama siempre Luciano, corriendo todas las pelotas como si fuesen la ultima. Se sabe que cuando la mano viene mal, los que ofrecen el corazón se terminan salvando del incendio. Por eso, Luciano no figura en el rosario de epítetos que caracterizan algunas protestas masivas. Por supuesto, cae en las generales de la ley, pero esta descarga de Federico es una acabada síntesis de lo que nos pasa a los albicelestes: es tan grande la angustia, que ya no vemos ni al enemigo. El enganche tuvo otro error, ya son reiteradas sus expulsiones, eso molesta a sus compañeros y a la hinchada. El credito se le esta acabando, asi tambien como al equipo. Amén de que el sabado casi no hubo reproches, no es en las tribunas donde se encontrará a los responsables de este dolor de ya no ser. El equipo demostro una vez mas no saber cerrar un partido, demostro desconcentraciones que le permitieron a un rival muy chico agrandarse. El rival supo cerrar el partido luego del empate, el conjunto albiceleste no supo bajar la persiana cuando estaba arriba en el marcador. Mariano, Gonzalo, ya no están, pero todavía los sentimos con la camiseta. Los sentimos nuestros cuando los vimos pisar el verde cesped la fecha pasada. Después de gozar de esos manjares, es muy duro estar satisfechos con estas migajas.

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